Cuando fue concebido, ocupaba una posición cómoda dentro de la cifra que era el motivo de su existencia. Él era el 0 que conformaba la posición de las unidades, arropado a su derecha por los decimales, números de la clase inferior, pero con los que se llevaba muy bien. Y a su izquierda había más números, de clase superior a los decimales, es decir, de la clase del 0.
Al ir creciendo el puesto de las unidades se le fue quedando pequeño, y se fue moviendo hacia la izquierda, a la posición de las decenas. Su progresión estaba siendo buena, pero se fue alejando de sus amigos los decimales, y ahora iba dejando atrás a otro amigo, relegado al puesto de las unidades. Él intentaba mantener la amistad con estos números, pero éstos se fueron olvidando de él, y se centraron en sus problemas.
Así que a nuestro amigo 0, el conjunto de amigos se le iba haciendo más pequeño conforme iba avanzando en la inexorable cifra, hacia su izquierda. Fue un duro tránsito, pero al final consiguió llegar al final de la cifra, por la izquierda.
Hizo historia en la cifra, ya que era el primer 0 que llegaba a la izquierda de la cifra. Entonces echó la vista atrás y vió que no le quedaban amigos. Se preguntó si verdaderamente esta evolución había merecido la pena, ya que él seguía siendo el mismo 0, pero los demás le habían hecho el vacío.
Sintió mucha pena, y, tras analizarlo profundamente, decidió coger una lanza y atravesarse con ella.
Así quedó nuestro 0: ∅
Huelga decir, que nadie le echó nunca de menos, ya que nadie le valoró nunca, pues sólo era un cero a la izquierda...
sábado, 23 de febrero de 2008
lunes, 14 de enero de 2008
Más de lo que parece
Un día, una niña iba caminando por el bosque. Correteaba alegre mirando distraídamente las flores, cuando de pronto la mala casualidad quiso que cayera en un pozo. La pobre niña no sabía nadar, así que empezó a chapotear sin mantenerse a flote. Poco a poco el miedo se iba haciendo presa de su persona, y se iba agobiando cada vez más. Cuanto más se preocupaba más se hundía. Hasta que de pronto, trata de ver la profundidad del pozo, y se pone de pie. El agua solo le llega hasta la cintura. Y sale de su pozo con un poco de esfuerzo, pero sin preocupaciones.
sábado, 1 de diciembre de 2007
La prisión
Te despiertas. Tratas de levantarte de la cama, pero no puedes. Tus ojos buscan algo con lo que conseguir levantarte. Al final lo hallan, y con dificultad logras ponerte en pie. Tras un arduo camino, a pesar de que solo son unos metros, consigues llegar hasta la puerta. Tratas de abrirla, pero no lo consigues. Entonces caes al suelo, agotado. Tras descansar y con serios problemas para levantarte, vuelves a intentar abrir la puerta. Por fin lo logras, y vas avanzando. Llegas hasta otra puerta, mucho más pesada que la anterior. Decides tomar un respiro antes de abrirla. La abres, esta vez a la primera, pero te deja agotado. Entonces ves unas escaleras. Y decides bajarlas. No puedes apenas andar, pero lo intentas. Bajas el primer tramo. Las piernas ya no te responden, y acabas cayendo. Vuelves a levantarte, pero te vuelves a caer. A duras penas acabas llegando al final, tras la que te espera otra puerta. Luchas una vez más contra tu agotamiento, y consigues abrirla. Por fin, la luz del sol!
Pero la prisión está en tu cuerpo...
Pero la prisión está en tu cuerpo...
El hombre más fuerte del mundo
Cuando somos pequeños siempre pensamos que nuestro padre es el hombre más fuerte del mundo, la persona que más admiras, y tratas de ser como él. Tu mayor sueño es que cuando seas mayor seas igual que él. En una palabra, es perfecto. Lógicamente esto choca con el pensamiento del resto de los niños, a no ser que sean hermanos tuyos.
Esta sensación de magia desaparece con el tiempo. Comienzas a ver las limitaciones de tu padre, no es tan fuerte como pensaba y tiene un montón de defectos que no habías visto hasta entonces. En ese momento deja de ser tu ídolo y pasa a ser tu padre, al que ya no tienes en un pedestal. Y comienzas a buscar nuevas personas a las que parecerte.
Pero yo he descubierto, con el paso de los años, la verdadera fortaleza de mi padre. Y es mucho mayor de la que me imaginaba cuando era niño, a años luz de la que yo podré alcanzar jamás. Por ello vuelvo a admirarle, a tomarle como referencia e intentar ser cómo él.
Esta sensación de magia desaparece con el tiempo. Comienzas a ver las limitaciones de tu padre, no es tan fuerte como pensaba y tiene un montón de defectos que no habías visto hasta entonces. En ese momento deja de ser tu ídolo y pasa a ser tu padre, al que ya no tienes en un pedestal. Y comienzas a buscar nuevas personas a las que parecerte.
Pero yo he descubierto, con el paso de los años, la verdadera fortaleza de mi padre. Y es mucho mayor de la que me imaginaba cuando era niño, a años luz de la que yo podré alcanzar jamás. Por ello vuelvo a admirarle, a tomarle como referencia e intentar ser cómo él.
sábado, 6 de octubre de 2007
Viaje a ninguna parte
Necesito un cambio de aires, me dije. Esto no me gusta, por lo que empecé a caminar sin mirar atrás. No me hacía falta voltearme, ya que todo lo que no quería ver estaba en mi cabeza. Y por todas esas cosas, jamás querría regresar.
Al irme alejando, mientras andaba, se iban difuminando los malos pensamientos del sitio que estaba abandonando, y proseguía mi huida, hasta que, a una distancia considerable conseguí superarlo todo. En ese momento avisté un sitio donde quedarme. Al llegar me di cuenta. Oh mierda, he llegado al sitio del cual trataba de huir todo este tiempo.
Al irme alejando, mientras andaba, se iban difuminando los malos pensamientos del sitio que estaba abandonando, y proseguía mi huida, hasta que, a una distancia considerable conseguí superarlo todo. En ese momento avisté un sitio donde quedarme. Al llegar me di cuenta. Oh mierda, he llegado al sitio del cual trataba de huir todo este tiempo.
lunes, 24 de septiembre de 2007
Quiero darme de baja
Aún recuerdo el primer día, cuando empecé. Todo era ilusión y, aunque había algunas cosas que no entendía muy bien como funcionaban, pero me daba cuenta de que todo era bueno, y se hacían por un buen fin. Casi todos los inicios son costosos, pero había que poner de mi parte para que todo fuera adelante.
Con el paso del tiempo me aclimaté perfectamente, me sentía muy bien, útil y que todo el esfuerzo que dedicaba estaba dando sus frutos. Me sentía plenamente integrado.
Mucho tiempo después me empecé a sentir rutinario, que todo era igual todos los días, y cada día se me hacía más cuesta arriba. Pero bueno, es algo normal, no siempre se puede estar bien, y a veces hay que sacrificar el bienestar propio. A veces hay periodos en los que no te encuentras cómodo.
Pero esto ya ha alcanzado un cariz que no me gusta. Ya no me apetece seguir, cada día estoy más asqueado, porque me siento despreciado y nada valorado. He estado reflexionando y lo mejor es dejarlo de raiz. No quiero subsidio, no pienso avisar con 15 días de antelacion. Simplemente te quiero decir que no quiero seguir contigo.
Con el paso del tiempo me aclimaté perfectamente, me sentía muy bien, útil y que todo el esfuerzo que dedicaba estaba dando sus frutos. Me sentía plenamente integrado.
Mucho tiempo después me empecé a sentir rutinario, que todo era igual todos los días, y cada día se me hacía más cuesta arriba. Pero bueno, es algo normal, no siempre se puede estar bien, y a veces hay que sacrificar el bienestar propio. A veces hay periodos en los que no te encuentras cómodo.
Pero esto ya ha alcanzado un cariz que no me gusta. Ya no me apetece seguir, cada día estoy más asqueado, porque me siento despreciado y nada valorado. He estado reflexionando y lo mejor es dejarlo de raiz. No quiero subsidio, no pienso avisar con 15 días de antelacion. Simplemente te quiero decir que no quiero seguir contigo.
martes, 21 de agosto de 2007
Otoño eterno
Al principio todo fluía de la forma correcta en mi vida. De la primavera se pasaba al verano, del verano al otoño, del otoño al invierno y del invierno a la primavera. Algo que siempre ha sido así.
Pero mi corazón ha decidido poner fin a este ciclo y ha declarado que en mi vida va a perdurar el otoño eterno, una época gris y oscura en la que nada vale la pena, ya que progresivamente va perdiendo las hojas y al final se acaba cayendo. Y no siento el frío completo, pero no me apetece seguir adelante, me mina la moral. Y pierdo toda mi personalidad, volviéndome parte del otoño. Y es cuando voy perdiendo todo nexo a tu rama, y acabaré cayendo.
Pero mi corazón ha decidido poner fin a este ciclo y ha declarado que en mi vida va a perdurar el otoño eterno, una época gris y oscura en la que nada vale la pena, ya que progresivamente va perdiendo las hojas y al final se acaba cayendo. Y no siento el frío completo, pero no me apetece seguir adelante, me mina la moral. Y pierdo toda mi personalidad, volviéndome parte del otoño. Y es cuando voy perdiendo todo nexo a tu rama, y acabaré cayendo.
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